viernes, mayo 01, 2009

Esos Ancestrales II

Despertó de pronto, alarmado por un ruido abrumador que hizo alzar vuelo a los pájaros cercano, entre ellos una golondrína europea que tras ascender unos pocos metros, arrebatado por la fatiga, el dolor y la insuficiencia sanguínea, se desplomó en el suelo a causa del plomo que acababa de penetrar en su cuerpo emplumado. De ahí a unos segundos, tras haberse despejado la mente aún en estado preconsciente, un ser canino pasó al lado suyo dirigiéndose hacia el ave recien caído. Se levantó del suelo húmedo y tras sacudir sus pantalones de barro y demas substancias contempló a sus alrededores con la intnción de orientarse. Era un bosque aunque no demasiado denso ni poblado. Lo cierto es que mas que un bosque parecía una ciénaga junto a unas llanuras desnudas a causa del tiempo invernal. Las nubes eran grises y amenazaban con diluviar pero ese día no llovería. El perro pasó a su lado de nuevo, esta vez en dirección contraria, con la golondrina entre las mandíbulas y se dirigió hacía el lugar de donde provenía otro sonido aterrador, como si de una tormenta se tratara. Se dispuso a dirigirse hacía el lugar indicado por el perro cuando dos hombres montados a caballo emergieron de entre los árboles junto al perro de antes y otros dos de razas diferentes. Uno de los hombres le miró con aires de superioridad inclinando la cabeza hacía el aire y mirándole con desprecio por encima de un hombro mientras el segundo se bajó de su montura y se acercó mientras llevaba en su mano derecha una especie de lanza pero mas corta y compuesta tanto por madera como por metál. Los dos señores llevaban ropas extrañamente relucientes con plumas y contrastes de estrechez y pomposidad entre las partes diferentes de las prendas. El señor que se había bajado le habló en un extraño idioma pero por su entonación parecía estarle interrogando. Mientras el señor decía cosas como "hvaem taler jeg med?" o "hvad laver de her min gode ven?" solo respondió moviendo la cabeza a la negativa. Finalmente a pesar de una discusión tenida con el señor sin montar, decidieron llevarselo consigo e intentar averiguar algo más sobre él.

Los tres caminaron por una senda de tierra entre bosques como el de antes y llanuras tanto desnudas como con tierra removida durante unas dos horas cuando se avistó a lo lejos una especie de aldea rodeada por un terraplén y un foso a medio acabar. Entraron en la aldea y mostraron a los 37 aves que habían derribado en total. Se les acercaron aproximadamente uno de cada tres habitantes y se quedaron uno de los pájaros. Sobraron 3 y los dos caballeros se los llevaron junto al recién encontrado a la casa mas grande de la aldea que se encontraba enfrente de la plaza del pueblo que estaba improvisado por un círculo de tierra batida y adosadas sin demasiada curiosidad y aleatoriamente con piedras planas pero que evidentemente no eran suficientes para taparlo todo.

Una vez dentro, trajeron a otro señor vestido con una túnica marrón y un corte de pelo bastante ridículo que también, en lengua extraña le interrogó. Varios intentos hizo el hombre pero hasta que no dijo por suma casualidad las palabras "yo te bendigo en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo" no hubo respuesta. Tras oír esas palabras empezó el extranjero a hablar tambien pero lo hizo tan fluídamente, que el del vestido marrón casi no le pudo seguír el ritmo ya que sus conocimientos del latino eran muy limitadas. Finalmente llegaron a la conclusión de dos unicas cosas: Los nombres de los allí presentes que eran Fader Frederik en el caso del hombre de marrón, Dieterich von Saxony en el caso del hombre que en su tiempo no se bajó del caballo, Christian de Aarhus en el caso del que sí que se bajó y el extraño se presentó con el nombre de Phidias de Thesalónica. La segunda conclusión fué que Phidias no sabía ni como ni porqué había llegado a ese bosque y lo que era peor, no parecía tener idea alguna de nada.

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